martes, 11 de enero de 2011

Canciones de amor para la tristeza infinita.

La oscuridad ciega, vasta y negra.
El agua. Ese sonido continuo. Algo sinuoso que envuelve tu piel en humedad.
La bilis, la boca te sabe a bilis de tanto vomitar en la oscuridad.
El agua hasta la cintura.
''No pierdas el control.'' te recuerdas continuamente. ''Sabes hablar latín.'' Y crees que con ello es suficiente. Oyes el sonido del agua contra los muros de piedra, sabes que estás cerca del mar.
Un rayo de luz que se cuela desde arriba, a unos doce metros por encima de tu cabeza.
Respiras una vez y otra, y otra... así hasta que sientes que te ahogas pero, ¿de qué?
Oyes música muy suave, algo que ya habías oído antes.
Recuerdas a las chicas en bikini en la playa, las mirabas embobado durante todo el día... Pero eso era en verano. Recuerdas sus bikinis amarillos y como se pegaban en sus pieles después de salir del mar. Hueles el mar, recuerdas el sabor de la sal en sus cuerpos. Pero eso era en verano. Sus cascadas de pelo y sus labios carnosos.
Vomitas de la ansiedad que sientes en tu cuerpo. Que sensación más soez.
Te preguntas como has podido terminar en ese lugar, ¡no has hecho nada!
Es bilis, no tienes nada más en el cuerpo que puedas vomitar.
Decides buscar la luz otra vez.
Piensas en aquel profesor que te amargó cuando estabas en el colegio. ¿Estará en la misma clase? ¿Seguirá llevando esas camisas horribles? Igual ahora tiene chepa y no alcanza a coger las tizas de encima de la pizarra. Siempre fue muy desagradable contigo. Da igual, tú nunca encontraste tu lugar en el instituto.
Recuerdas titulares de periódicos atrasados que coleccionabas.
En primavera de 1992 alguien se enamoró de una forma tan violenta que terminó suicidándose. Nunca llegaste a conocer a ese chico pero te hubiera gustado, seguro que tu también te suicidas el día que te enamores. No es más que una falacia estúpida, no te preocupes. Además ninguna chica te va a llegar a querer alguna vez, tú si las podrás querer así pero ellas a ti nunca.
Algo se mueve entre tus piernas y gritas de miedo, intentas subirte a un pequeño altillo que hay cerca de ti pero es tan resbaladizo que eres incapaz. Vuelves a gritar de miedo, nada sirve.
Sigues pensando en el chico del suicidio del 92, se ahorcó con el fular de ella. En la cocina. Si, algo parecido a Curtis, pero él tenía más motivos que Él. ¿Cómo se llamaba? ¿Samuel? Creo que sí. Samuel era un joven estúpido. Decían que quemaba la bandera de su país mientras cantaba canciones de Lennon. Y tu querías ser igual que él. Tocar el piano como Él, hablar como que recitabas poemas de amor... Deja de soñar.
Rememoras aquel día, cuando te volviste loco y le dijiste a aquella chica “me gustan tanto tus clavículas que las besaré hasta el fin de los días” y ¿qué te respondió ella? Nada, se hizo el silencio y apartó sus mirada de mis ojos.
Aparece flotando algo que parece un recuerdo. ¡Malditas regresiones!
Sigues buscando la luz que nunca aparece y se hace la noche en tus ojos que lloran. Estás atrapado en tu propia celda de mente. No saldrás hasta dentro de mucho tiempo, ''no te importa'' te repites durante horas.
Gimes y después de gemir se hace el silencio.


Silencio eterno...

3 comentarios:

  1. no lo entendi mucho, lo voy a volver a leer. No se como lelgue hasta aca, se que vi tu blog anterior y que decias que lo cambiaste jajaja igual me copaba un toque mas el otro porque tenia mas fotos. Besos!

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  2. Esas dichosas e hipnotizantes clavículas... Demasiado bonitas eh?

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