miércoles, 26 de enero de 2011
jueves, 20 de enero de 2011
Memoria obtusa para un tiempo material.
Cuando te caíste del columpio y te arañaste la rodilla, yo me arañé las rodillas con papel de lija y te dije: Yo también me he caído. Beso la almohada antes de dormirme e imagino que eres tú. Suena a algo que tú harías, lo sé. Supongo que por eso lo hago.
Descubriste 613 tristezas distinta, siendo todas y cada una de ellas una emoción perfectamente única, singular y no más parecidas entre sí que a otros sentimientos como la ira, el éxtasis, la culpa o la frustración. La Tristeza del Espejo. La Tristeza de los Pájaros Enjaulados. La Tristeza de Estar Triste ante tu Propio Padre. La Tristeza del Humor. La Tristeza del Amor Eterno. Eras como un náufrago a la deriva, sacando la cabeza, buscando algo a lo que aferrarse. Tu vida era una lucha desesperada y frenética por justificar tu vida. Aprendiste a tocar con el violín piezas imposibles, canciones que ni siquiera sabía que conocías, y luego siempre acudías llorando a mí. Pasabas tardes enteras entre libros de arte que te compré en Londres, y cada mañana bajabas a desayunar con una expresión mohína en tu rosto. Eran buenos, exquisitos, pero no bonitos. No se si debo ser honesto conmigo mismo. En una ocasión estuviste una tarde entera de pie ante la puerta de la calle. Era de color rojo, la puerta digo. Inventé chicas de las que enamorarme y ahora me despierto en mitad de la noche echando de menos sus cuerpos que nunca se han acostado a mi lado. Ahora estás tu. Soplas sobre mis labios antes de besarme, ¡como si yo fuera una comida muy, muy caliente y tu te dispusieras a comerme! Parece que fue una eternidad cuando nos conocimos, porque el cielo era azul y sonaba esa maldita canción de ''Belle and Sebastian''. No nos cogemos de la mano por miedo, no por miedo a tu padre, ni por miedo a mi madre, sino por miedo a nosotros mismos. Hay mil canciones de amor que me gustaría cantarte al oído, despertarte todos los días de color azul y saber que sonará otra vez esa maldita canción. Ahora me despido porque no tengo más palabras dentro de mí.
martes, 11 de enero de 2011
Canciones de amor para la tristeza infinita.
La oscuridad ciega, vasta y negra.
El agua. Ese sonido continuo. Algo sinuoso que envuelve tu piel en humedad.
La bilis, la boca te sabe a bilis de tanto vomitar en la oscuridad.
El agua hasta la cintura.
''No pierdas el control.'' te recuerdas continuamente. ''Sabes hablar latín.'' Y crees que con ello es suficiente. Oyes el sonido del agua contra los muros de piedra, sabes que estás cerca del mar.
Un rayo de luz que se cuela desde arriba, a unos doce metros por encima de tu cabeza.
Respiras una vez y otra, y otra... así hasta que sientes que te ahogas pero, ¿de qué?
Oyes música muy suave, algo que ya habías oído antes.
Recuerdas a las chicas en bikini en la playa, las mirabas embobado durante todo el día... Pero eso era en verano. Recuerdas sus bikinis amarillos y como se pegaban en sus pieles después de salir del mar. Hueles el mar, recuerdas el sabor de la sal en sus cuerpos. Pero eso era en verano. Sus cascadas de pelo y sus labios carnosos.
Vomitas de la ansiedad que sientes en tu cuerpo. Que sensación más soez.
Te preguntas como has podido terminar en ese lugar, ¡no has hecho nada!
Es bilis, no tienes nada más en el cuerpo que puedas vomitar.
Decides buscar la luz otra vez.
Piensas en aquel profesor que te amargó cuando estabas en el colegio. ¿Estará en la misma clase? ¿Seguirá llevando esas camisas horribles? Igual ahora tiene chepa y no alcanza a coger las tizas de encima de la pizarra. Siempre fue muy desagradable contigo. Da igual, tú nunca encontraste tu lugar en el instituto.
Recuerdas titulares de periódicos atrasados que coleccionabas.
En primavera de 1992 alguien se enamoró de una forma tan violenta que terminó suicidándose. Nunca llegaste a conocer a ese chico pero te hubiera gustado, seguro que tu también te suicidas el día que te enamores. No es más que una falacia estúpida, no te preocupes. Además ninguna chica te va a llegar a querer alguna vez, tú si las podrás querer así pero ellas a ti nunca.
Algo se mueve entre tus piernas y gritas de miedo, intentas subirte a un pequeño altillo que hay cerca de ti pero es tan resbaladizo que eres incapaz. Vuelves a gritar de miedo, nada sirve.
Sigues pensando en el chico del suicidio del 92, se ahorcó con el fular de ella. En la cocina. Si, algo parecido a Curtis, pero él tenía más motivos que Él. ¿Cómo se llamaba? ¿Samuel? Creo que sí. Samuel era un joven estúpido. Decían que quemaba la bandera de su país mientras cantaba canciones de Lennon. Y tu querías ser igual que él. Tocar el piano como Él, hablar como que recitabas poemas de amor... Deja de soñar.
Rememoras aquel día, cuando te volviste loco y le dijiste a aquella chica “me gustan tanto tus clavículas que las besaré hasta el fin de los días” y ¿qué te respondió ella? Nada, se hizo el silencio y apartó sus mirada de mis ojos.
Aparece flotando algo que parece un recuerdo. ¡Malditas regresiones!
Sigues buscando la luz que nunca aparece y se hace la noche en tus ojos que lloran. Estás atrapado en tu propia celda de mente. No saldrás hasta dentro de mucho tiempo, ''no te importa'' te repites durante horas.
Gimes y después de gemir se hace el silencio.
Silencio eterno...
lunes, 3 de enero de 2011
Barbie sabe que Ken es infiel.
El año que viene mi Nochevieja será en pijama, un pijama lleno de manchas de tomate porque habré cenado pasta con tomate y con mucho alcohol de por medio. También puede venir gente a mi casa vestidos con el pijama, un pijama lleno de manchas de tomate porque también habrán cenado pasta y beberemos mucho alcohol. Habrá música muy ruidosa que nos nublará la mente, música entre el grunge y el punk y hablará de vidas tristes sobre gente que no conocemos y cantaremos esas letras muy borrachos, demasiado borrachos como para ser capaces de seguir el ritmo de la música y todo parecerá sacado de una película independiente. En la tele veremos los programas especiales con el sonido en off y nos reiremos de los vestidos horteras que lleven las presentadoras. Seguro que llevarán muchas lentejuelas. En algún momento apagaremos la televisión y la noche decaerá, pero entonces será cuando alguien vomite y todo acabe. Nos iremos a dormir y nos despertaremos a las seis de la tarde, dándonos cuenta que nos habremos perdido la comida de Año Nuevo con nuestra familia. Pero nos dará igual porque habrá sido la mejor Nochevieja de nuestras vidas.
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