sábado, 5 de febrero de 2011

Sábados noche y domingos de mañana

Se me hielan los pensamientos cada vez que pienso en Enero y se me queman los sesos cuando pienso en Agosto. Tengo mil y un ideas para expresar porque necesito tanto una luz por la noche, pero no me gusta dar explicaciones. Ellos se ríen en alto, yo me río en alto cuando ellos me miran; después agacho mi cabeza y vuelvo a casa como que fuera otro día más, pero ya han pasado veinticuatro horas desde que dejé mi hogar. Me miro en un espejo, echo vaho en el espejo y me vuelvo a mirar, otra vez vaho así hasta que me canso de mirarme eso ocurre  pronto aunque parezca una eternidad. Tengo los pies en el suelo para que no me digan que estoy en las nubes aunque tenga esa estúpida necesidad de hablar cuando debería estar callado, no tiene nada que ver, pero me gusta decirlo en voz alta. Estudio para no defraudar a mi madre, para no defraudarme a mi mismo. No voy a misa porque no soy practicante, tampoco soy creyente a ratos. No me gusta mucho hablar de Dios, pero hablo de Dios continuamente. Mayormente para mi mismo, pero siempre hablo de Dios. Parece un pose de la sociedad contemporánea no creer en Dios y que todo te parezca indiferente aunque no lo sea. Yo no quiero que todo me resulte indiferente. Yo quiero gritar y tirar piedras contra los políticos, tener adoquines como en Mayo del 68 o derribar muros como en el 89. Ya no queda nada de eso, solo queda miedo y silencio. Aburrimiento en las casas y la ansiedad asomada a la ventana. Estoy aburrido y no hago nada, estoy solo y no hago nada. Escucharé muchos ''made in Japan'' o muchas voces gritándome al oído sobre que ''Jesús me quiere mucho más de lo que yo creo'', putos S. & G. 

Me voy, y volveré. Volveré a reincidir en la escritura, en la imagen, en la escultura o en la pintura.


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